Llevaba meses trabajando en ello. Todo empezó siendo un bloque de barro frío y pegajoso. Desde un principio, mirando aquel bloque deforme ya imaginó sus contornos. Su pelo, sus cejas, su nariz, sus labios, su barbilla. Comenzó pasando las yemas de los dedos por el perímetro de aquel hexaedro muerto y adormilado. Pero él ya la veía allí dentro, prisionera de realidad, fealdad y distancia. Puso todo su afán en liberarla. A cada presión con su pulgar, a cada caricia con sus dedos, a cada curva nueva que se escapaba de la heterodoxia de la arcilla, su cuerpo se crispaba, se encendía y sus manos trabajaban con más prisa y denuedo. Parecía como si aquella se estuviera asfixiando, estuviera tragando arcilla, y necesitara unas manos cariñosas que la rescataran y le dieran un resquicio por donde respirar. La noche se hizo larga, hasta que ya apareció el primer rasgo humano de aquella belleza comprimida, con las primeras luces del alba. “Ten paciencia”, le susurró en donde debería aparecer una graciosa oreja, “te sacaré de ahí”. La cubrió con un lienzo blanco y salió de allí. Todo el día, mientras recorría las largas horas de su existencia, la tenía en la cabeza. La imaginaba allí cubierta por un velo, ocultando su angustia por liberarse…No se la podía quitar de la cabeza y toda su obsesión era terminar la jornada y volver al taller con ella, para acariciarla, crearla y liberarla. Y así ocurrió. Al final de un día largo donde no parecía correr el tiempo volvió a desvelarla y a saludarla con dulzura. “Ya estoy aquí”. Sus manos nerviosas y aceleradas volaban por la arcilla dibujando contornos, acariciando formas futuras. A veces las manos incluso trabajaban con los ojos cerrados. Tras tres noches de velos y desvelos, por fin, exclamó. “Ya te tengo” y frente a él se encontraba un perfecto rostro de mujer hermosísimo, de proporciones perfectas, de ojos grandes, de mirada cálida de cabellos rizados que daban movimiento a aquel rostro, pero sus ojos pronto olvidaron todo y se centraron en sus labios. Se quedó atónito mirando la perfección que había conseguido en sus labios. Se sentó en un butacón que estaba justo en frente de aquel rostro de arcilla perfecto, color tierra, oscuro, moreno… aquellos labios. Pasaba las noches mirándola en la distancia, a veces se levantaba y le retocaba un poco en el pelo, le quitaba cualquier imperfección del cuello… Sentado en el butacón mirándola, sin más…se pasaba las horas muertas. Una noche, como si lo llamara, se levantó como un resorte y se dirigió hacia ella. Con ambas manos le cogió el cuello y notó casi aquel barro caliente. La miró a los ojos velados que él imaginaba marrones, del color del chocolate, de las castañas dulces, del regaliz... “Me obsesionan tus labios” – le dijo- Y entonces inició el camino hacia ellos. Cerró los ojos y se preparó para recibir un golpe de placer y sensualidad. Pero una voz de barro, cargada de lágrimas y dolor le dijo. “Si me besas cobraré vida, si me besas me haré real. Si me besas mis ojos te verán…Y si me besas me harás sufrir. ¿No ves? No tengo manos con las que acariciarte, ni piernas para seguirte donde vayas, ni sexo que ofrecerte, ni lengua para hablarte o besarte. ¿Qué pretendes? ¿Hacer que te desee para luego dejar que me seque en este pedestal?” Retiró los labios rápidamente y se llevó las manos a la cabeza. Empezó a golpear todos los objetos del taller, rompió jarrones, estrelló atriles, estampó herramientas, se arrancó la ropa, gritó, se lamentó… Noches había que deseaba cogerla y desfigurarla y cambiarla de forma, otras noches se acercaba violentamente hacia ella e intentaba besarla con una fuerza descomunal olvidándolo todo, pero nunca podía… Ahora simplemente se sienta en el butacón y se limita a mirarla, a soñar con ella… Kenia, Roma, París, Sidney… hace el amor con ella en la playa, en la nieve, en el césped… y cuando se acaba la botella de la desesperación se levanta tembloroso coge el velo y la cubre con inmenso cariño para desear que vuelva la noche… “Algún día, sí, algún día…” Debe aprender a ser feliz así y no debe olvidar jamás que aquello no es más que un fruto de sus fantasías, una creación que tal vez vino para ayudarle a ser más vivo, a soñar, a no olvidar que hay sentimientos preciosos en este mundo… ¿Aprendería a moldear cuerpos enteros?¿Conseguiría más arcilla? De momento, absorto, vaciaba la botella de la ilusión con los ojos clavados en sus labios… aquellos labios que él mismo creó a imagen y semejanza de sus sueños. Eres tan bonita… |
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